Bajo el Volcán

1. Nombre del libro. Bajo el Volcán
2. Título Original: Under Volcano
3. Autor: Malcolm Lowry (Británico)
4. Fecha de publicación en inglés. 1947 casi al alimón en Londres y NY
5. Primera publicación en español: Traducción de Raúl Ortiz y Ortiz y publicada por la mítica editorial ERA de México en 1964. Adelantar aquí que si la novela costó diez años de su vida al autor, el traductor dedicó 2 años y medio a traducirla. El resultado es tan meritorio casi como la propia creación.
6. La primera publicación en España es del año 1981 en la Editorial Bruguera que aquí podéis ver.
7. Disponible en e-book y en streamin

Voy a comenzar citando un párrafo de un comentarista de un blog literario referente a esta novela:

Dicen que en España hay pocas personas que se hayan leído entero este libro. Yo soy una de esas personas, aunque de ello hace muchos años. No fue una lectura fácil, desde luego,

En mi opinión, una obra literaria debe ser emocionante, conmovedora, original en el más estricto sentido de la palabra, polifacética, sugerente, con pulso propio, pero desconfío terriblemente cuando alguien dice que tal o cual novela se lee muy fácil. No creo que se trate de un atributo propio de una obra literaria. Por otro lado no me parece más fácil ver Las Meninas que Las señoritas de Avignon.

Bajo el Volcán está construida en XII capítulos, trascurre en un solo día de la vida de George Firmin, alcohólico cónsul de Gran Bretaña en Quauhnáhuac (nombre nathual o xolteca de Cuernavaca), el día de los difuntos de 1936; a excepción del Capitulo I, que transcurre un año después de los XI siguientes y comienza en el Hotel Casino de la Selva, casino cerrado y hotel decadente donde rondan fantasmas de jugadores arruinados. Y donde Nadie parece nadar jamás en su espléndida piscina olímpica, preludio de todo el espíritu decadente, postrero, que impregna toda la novela. Al final de este capítulo M. Laurrelle, amigo del Cónsul, encuentra en un libro perteneciente a éste una estremecedora carta de amor dirigida a su esposa que, obviamente, nunca envió y que adquiere todo su esplendor cuando terminas de leer el capítulo XII.

Bajo el Volcán, es un libro sinfónico como gusta decir Raúl Ortiz y Ortiz su traductor, cada capítulo constituye una pieza magnifica pero es el conjunto lo que le otorga grandeza y genialidad.

Podríamos decir que la novela tiene tres historias principales,
1/ el sendero de autodestrucción alcohólica como símbolo del infierno que es la vida para el Cónsul:
porque el nombre de esta tierra es el infierno. Claro que no está en México, sino en el corazón(cap. I)
(… alguien que sentía que las fuerzas mismas del universo lo hacían pedazos! Capítulo V.) ó ……………
De pronto experimentó una sensación nunca antes sentida con tan absoluta certidumbre. Y era la de estar en el infierno. Capítulo VII),
2/ el amor entre dos personajes muy distintos como son Ivonne y el Cónsul (Y a pesar de ello, volvía a pensarlo una y otra vez, como si fuera la primera, cuánto había sufrido, sufrido, sufrido, sin ella; ciertamente que nunca en su vida — salvo cuando murió su madre— había conocido semejante desolación y tan desesperado sentimiento de abandono, de despojo, como durante este último año sin Yvonne” Capítulo VII)) y
3/ la relación entre estos dos y Hugh, el hermano del Cónsul. En realidad, como hemos señalado, Hugh es un alter ego juvenil de Firmin y pareciera que Lowry quisiera establece un nuevo dialogo esquizofrénico, por si no bastara el que mantiene consigo mismo, entre lo que hoy es Firmin y lo que hubiera sido sin el alcohol y sin el insuperable desaliento que abate su espíritu.

Con una técnica literaria arriesgada con un inequívoco aroma a Melville y a Joyce, cuyo Ulises había leído un par de años antes, la narración progresa, retrocede, se enlentece o acelera, se retrotrae al pasado desde el presente sin previo aviso y lo que es más curioso se sitúa en paralelo, de tal manera que los sucesos de los capítulos XI y XII suceden a la vez. Son aspectos que han desanimado a no pocos lectores, que se han rendido sin duda antes de tiempo.

En el capítulo V, por ejemplo, Hugh, hermano del cónsul, un alter ego no ya del mismo Cónsul sino del propio Lowry, va rememorando, mientras está sentado en el borde de la alberca del jardín, distintos avatares de su vida, ya digo, comunes a la propia vida de Lowry, como es su pertenencia a una familia acomodada, su vinculación con la navegación, su admiración por Conrad, su afición a la guitarra (Lowry sabía tocar el ukelele) o la particular referencia que hace en dicho capítulo a la supuesta acusación de plagio que recibe tras la publicación de unas canciones, aspecto este que preocupó siempre a Malcom Lowry quién tenía verdaderos problemas de originalidad derivados de la marcada influencia que se había detectado en su primera obra de su mentor y amigo el norteamericano, Conrad Aiken ); y sin solución de continuidad recupera la conversación que mantenía 50 páginas atrás, en el mismo borde de la piscina. Se trata de una técnica común a día de hoy, pero habría que ser comprensivos con los editores de la época cuando por doce ocasiones le rechazaron el manuscrito a Lowry.

En Bajo el Volcán, Lowry entra en ese grupo de escritores que yendo más allá de un preciso proceso de desarrollo temático y argumental, se faja con aquellos pensamientos e imágenes como una corriente sensorial, íntima, no subconsciente, sino más bien imprecisa, difuminada, difícil de expresar si no se exprime el lenguaje de manera feroz. Y no se trata del surrealismo, donde se pretende que el impulso genere arte tirando del hilo del subconsciente casi al azar; a lo que me refiero es a determinadas ideas, sentimientos, poco precisas o más bien poco precisables por el lenguaje, que pululan todo el tiempo en nuestra cabeza, inaprensibles hasta que el esfuerzo o el genio de algún escritor, las enhebra casi mágicamente.

Es una historia tan emocionante como desasosegante. Se atisba la inteligencia, la sensibilidad y el enorme sentido del humor del Cónsul, que es capaz en pleno delirio de vacilar memorablemente a Quincey su estirado vecino inglés; pero el hundimiento, el alejamiento de la capacidad de contacto con la realidad a la vez buscado y provocado por el alcohol es terrible.

En el capítulo II el Cónsul aún simula posible redención trasteando con un preparado de estricnina que su médico el Dr. Vigil le ha facilitado como repulsivo al alcohol, pero compulsivamente, y en pocas horas, va evolucionando a la cerveza, güisqui, tequila y finalmente al terrorífico mezcal perlado de 55 º. La descripción de un proceso de delirium tremens sufrido en el cuarto de baño, cuando lleva apenas treinta minutos sin beber nada y que se instaura de forma tan abrupta como asumida de forma natural por Firmin y el dialogo que establece con sus voces y demonios está escrita con todos los recursos posibles de la literatura para relatar lo que ocurre dentro de la cabeza, está escrita, por decirlo de alguna manera, desde dentro. Hecha desde dentro. Por alguien, que no solo sabe lo que es el monstruo informe que se crea en tu cabeza con el alcoholismo sino por alguien que además, es capaz de expresarlo con palabras escritas. No obstante a pesar de todo, que nadie piense que se trata de un libro sobre un borracho, sobre la dependencia. Se trata de un libro sobre el dolor y la desesperanza.

Los dos últimos capítulos son de una belleza lírica y formal tan apabullante, que pueden hacerte llorar. Son un auténtico destilado. Una catarata de emoción, estilo, técnica poderosa y tensión sostenida. El destino trágico, el delirio, la desesperanza, la visión fugaz de la salvación, el destino insuperable, la certeza de que la caída era tan inevitable como previsible, la miserable y violenta realidad que lo circunda, y, por encima de todo el dolor. Un dolor que el lector percibe profundo, extenso, lacerante, con raíces en lo más antiguo del ser. Acabas el libro sujeto a una emoción casi agitante. Lloras de tristeza, quizá, pero también del impacto emotivo

La novela está llena de elipsis con las que, con una técnica más parecida a un calidoscopio que a un puzzle, nos va haciendo conocedores del pasado y del presente y, claramente, nos va anticipando el futuro. Es una estructura compleja, con cimientos, argamasa, cañizo y vigas y encofrado, pero también con arquivoltas y chapiteles y muchas, muchas gárgolas repartidas a lo largo de la novela. Aunque no está entre mis 10 favoritas, pero sí posee todos los elementos, los desafíos, la potencia técnica y la emoción que creo debe poseer una obra magna, de hecho ocupa el lugar número undécimo en la lista que hizo el NYT sobre las mejores obras escritas en inglés en todos los tiempos. (También está reconocida por diversos índices mundiales).

Como fondo, México en plena época de Lázaro Cárdenas, nacionalista y socialista, que nacionaliza el petróleo de manos inglesas, generando los habituales efectos de acción bloqueadora por parte de USA y GB, y de reacción nacionalista por parte del campesinado y del trabajador mexicano a la sazón muy en sintonía con el presidente.

La guerra civil española ocupa un espacio al fondo de la novela y en una ocasión Hugh y el Cónsul se enredan en una discusión en la que Hugh adopta el perfil de apoyo propio de los movimientos románticos europeos y americanos mientras que el Cónsul ironiza sobre el particular desde una posición ecléctica y diletante. Esta discusión del capítulo X donde el Cónsul libera todo su resentimiento contra su esposa y su hermano, finaliza con la separación del trío dando lugar a que los dos últimos capítulos se desarrollen en dos discursos y escenarios distintos: uno para Ivonne y otro para el Cónsul.

Lowry falleció el 27 de junio de 1957 en su casa de campo del condado donde nació, durante una visita ocasional. La causa de la muerte pudo ser un síndrome de aspiración por una curda al uso o quizá una asociación con barbitúricos tan en boga en aquellos años. La hipótesis del suicidio no parece razonable, pues había pasado por épocas terribles y no parecía tener el perfil.

Tardó 10 años en publicarla, pasaron 17 años hasta que se tradujo al español en México y transcurrieron otros 17 hasta la primera edición de una editorial española. Su lectura. Aún hoy día, impacta por su técnica, potencia, modernidad en el uso de la lengua y sobre todo por la traducción del Ortiz que como hemos dicho casi mejora el original.

Hay una versión bilingüe en streaming que colocaremos en la página web, donde se puede verificar la extraordinaria calidad del profesor mexicano. Como dato de interés señalar que Ortiz y Ortiz solo tradujo esta obra en toda su vida.

Para terminar una curiosa referencia, en la primera página del libro se puede leer esta frase:

El doctor Arturo Díaz Vigil acercó la botella de Anís del Mono a M. Jacques Laruelle. Efectivamente se trata del célebre anís creado por Vicente Bosch, hoy propiedad de Osborne, cuya factoría en Badalona merece la pena visitarse por ser una maravilla de la arquitectura y la ingeniería modernista de finales del siglo XIX.

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