“La Nieve del Almirante” Primera empresa de Maqroll el Gaviero

La Nieve del Almirante

Álvaro Mutis, 1986 ( En Editorial Siruela “Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero” Vols. I y II. 1997)

La Nieve del Almirante es la primera obra que lanzó al reconocimiento mundial como novelista a Alvaro Mutis. Tenía 63 años. Y una dilatada vida de poeta, relaciones públicas y gentleman hispanoamericano.

Es, asimismo, la primera aparición de Maqroll el Gaviero, más que un personaje, un universo, que generará siete magnificas novelas hoy agrupadas en una recopilación en dos volúmenes realizada por Siruela, titulada Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero.

Así como Faulkner crea el condado de Yokpatanawpha, y tras él muchos de sus seguidores (García Márquez, Juan Benet, Onetti,..), Mutis, que era poco lector del sureño, crea un universo dentro de la mente de Maqroll el cual constituye el núcleo de referencia a lo largo de todas sus novelas, El dialogo interior, las reflexiones de un hombre recorriendo el mundo ocupado en las más insospechadas empresas desde la regencia de un lupanar, el contrabando o la vigilancia de una mina de oro abandonada.

Maqroll es un personaje crepuscular, del que no sabemos nada, del que no sabremos nunca nada, aunque tras la lectura de la saga completa, que incluye seis novelas, quizá entendamos que Maqroll es la representación de una certeza, la seguridad de que todo el transcurso de la vida solo es un permanente fracaso, el dice en una ocasión “esta querencia mía hacia una incesante derrota”. Maqroll, cual moderno Melmoth, solo concibe soportable la existencia a través de un errar permanente. Es un Ulises que ha desterrado la posibilidad de la existencia de Ítaca.

En La Nieve del Almirante, que recuerda mucho a El Corazón de las Tinieblas de Conrad, Maqroll se embarca remontando el rió Xurandó, hacia una empresa incierta por la que carece de un interés sólido y de la que apenas conoce detalle alguno: la posibilidad de hacer un negocio comprando madera en unos misteriosos aserraderos río arriba. Maqroll mismo reflexiona: “No tiene remedio mi errancia atolondrada, siempre a contrapelo, siempre dañina, siempre contraria a mi verdadera vocación.” Este será el Maqroll que nos encontraremos en toda la saga. Un Gaviero que, a lo largo de todas sus apariciones, nos sorprende con su afición por libros de extraordinaria rareza como las Memorias del Cardenal de Metz o las Memorias del Príncipe de Ligne. Lo que por otra parte no es más que un reflejo del propio Mutis, de su declarada afición a las monarquías europeas y a su cosmopolitismo dandy.

El viaje, realizado en un planchón destartalado con la sola compañía de un ebrio capitán, un práctico mestizo y un mecánico indígena que conoce el motor del barco como la propia jungla, constituye en realidad un viaje al interior de el Gaviero, una peripecia existencial que le coloca, por mor del espacio río-selva, ante la evidente levedad de todas sus escasas convicciones. Sin duda ese río-selva condiciona, con su ambiente opresivo, sórdido y miserable, la introspección profunda de Maqroll, pero también la nítida definición espiritual de unos acompañantes que de otro modo hubieran pasado por personajes secundarios sin aparente consistencia.

Todo, merced a una escritura que perfila y delinea los caracteres, que les dota de un relieve inesperado. Y ello sin que el propio viaje, la propia narración, excluya, por otra parte, circunstancias y hechos memorables. De hecho Maqroll roza la muerte en dos ocasiones muy concretas. Y es que la muerte en todas las andanzas de Maqroll es una permanente invitada, un personaje más del recorrido literario.

El transcurrir del planchón, las peripecias, más interesantes por sus oníricas sugerencias que por la contundencia de los hechos, va conduciendo a Maqroll a la indiferencia total sobre el motivo de su viaje. “Es como si en verdad se tratara solo de hacer este viaje, recorrer estos parajes, compartir con quienes he conocido aquí la experiencia de la selva y regresar con una provisión de imágenes, voces, vidas, olores y delirios que irán a sumarse a las sombras que me acompañan, sin otro propósito que despejar la insípida madeja del tiempo”

Reflexiones de extrema clarividencia y que te dejan largos minutos con el libro abierto y la mirada fija en el techo, intentando llegar al fondo de un pensamiento que por su precisión y sencillez resulta inaprensible. Como cuando el capitán, que naturalmente es un personaje profundamente complejo y derrotado, le asegura a Maqroll que mientras viva será inmortal y Maqrool comprende, efectivamente, que un solo instante de pensamiento humano puede intuir el infinito siendo por tanto eterno.

Alvaro Mutis, poeta durante décadas consigue una prosa dotada de absoluto ritmo poético, un contenido con la intensidad propia del poema. Cada una de las frases del libro posee la acuciante exactitud de un verso.

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en De Tomo y Lomo. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s