Absalón, Absalón!

“The past is never dead. “It’s not even past.
William Faulkner

¡Absalón, Absalón!

Si tuviera que expresar con una sola palabra la naturaleza de la prosa de William Faulkner diría intensidad.

Su prosa transmite la profunda intensidad y profundidad de los sentimientos antes de ser tamizados por la oralidad. La gran innovación de Faulkner es la capacidad de pasar al papel la turbulencia interior, el murmullo cósmico de nuestra actividad intelectual, el cual, usualmente, genera finalmente un discurso consciente, una expresión comprensible y unívoca. Sin embargo, Faulkner escribe desde el momento anterior al proceso final, es como si describiera la ola desde el torbellino que la provoca no desde la imagen final que rompe en la playa. Esto se ha denominado el monólogo interior o la corriente del inconsciente, lo extraordinario es que una apuesta de tal complejidad de cómo resultado un producto hermoso, cautivador, adictivo.

Hay otras características propias de Faulkner. Su referencia permanente a sentimientos y conceptos estructurales de nuestra naturaleza, de la vida: el valor, el coraje, el honor, la lucha del perdedor, el determinismo. Quizá este último sea una de las referencias asiduas en los relatos del hombre del Sur. La existencia de un designio, de una derrota inevitable,  que no impide que los hombres actúen con la desesperanza de saber que no van a vencer, pero con la certeza de que tampoco van a rendirse.

¡Absalom, Absalom! es una historia hecha a base de retazos del pasado, que, como dice la cita que inicia esta entrada, nunca muere; de historias que le han ido contando al joven Quentin Compsom, ya de por si miembro de una dinastía del pasado, una vieja solterona,  la señorita Colfield, pero también su padre que a su vez le contó lo que le había contado el abuelo, el viejo coronel Compson, y el nieto, Quentin, se lo está contando a un condiscípulo de Harvard, en lo que no es sino un intento de un muchacho del Sur de explicarle a otro muchacho del norte del Missisipi en lo que consiste el Sur. Y, finalmente, este receptor del mensaje se convierte en un espejo, o mejor dicho, en un transductor de un universo que precisa una deconstrucción exterior.

La historia, todas las historias, transcurre en la ciudad de Jefferson en el condado de Yoknapatawpha; lugar preciso e inventado en el cual transcurrirá su obra y donde los personajes  de sus libros interactúan entre sí, hablándose, citándose, recordándose, mediante la mágica intervención del lector. Así, Ab y Flem Snopes, el coronel Sartoris, el comandante De Spain o la familia Compsom, a veces protagonizan, otras se asoman, en una historia que a todos vincula, en un paisaje que a todos soporta y en una decadencia que a todos derrota.

Absalón, Absalón! es la historia desesperada de un hombre que se marca un designio y como un endemoniado actúa convencido de que con valor y con astucia logrará su propósito. Propósito que es tan intangible, tan esquivo, tan inalcanzable, como conjurar la frustración, la vergüenza, la humillación del niño que fue en un periodo extinto de inocencia.

La historia de Thomas Sutpen  no es, por otra parte, más importante que la historia del resto de los personajes. O por decirlo de otra manera, para que la historia de Thomas Sutpen se reciba con claridad, hay voces con más presencia en la novela que la del propio protagonista. Lo que resultaría colateral en otras narraciones, aquí se eleva, crece, sustancia su importancia de tal manera que solo así se percibe la desproporcionada potencia de la locura de Sutpen. La señorita Rosa Coldfield, hermana de la esposa, que apenas habrá ocupado unos instantes en el pensamiento y en la obra de Sutpen, posee mucha más presencia que las propias reflexiones, ideas u opiniones manifestadas de manera directa por este. Así el capítulo quinto es, íntegramente,  un monólogo desbordante de la señorita Coldfield, cuñada y esposa frustrada de Sutpen, a través del cual sabemos si no como era Sutpen, si los efectos que provocaba su carácter y ambición.

En ¡Absalom, Absalom!, la intensidad que Faulkner dota a sus personajes, la manera en que los aparentemente secundarios progresan crecen y se hacen protagonistas según el autor les va dando entrada en escena, según su voz interior se adueña de los párrafos, es un alarde literario asombroso. De esta forma lo que aparentemente es un discurso fragmentario, desagregado, se convierte en una obra calidoscópica en la que todas las piezas de cristal acaban formando una imagen perfecta.

Como en toda su obra, es la historia del Sur de Estados Unidos, Faulkner no habla de racismo, como algunos pretenden. Habla de esclavitud y la describe como era en el Sur. Nunca emite un juicio, describe sentimientos y situaciones reales y, ciertamente, entre lo que describe se encuentra una evolución demoledora del antiguo sur vinculado al esclavismo. Porque el racismo es un concepto distinto. Se presenta en entornos donde la igualdad y la fraternidad humana están establecidas como valores genéricos. El mundo de Yoknapatawha, es anterior a eso. El negro, sencillamente, no es considerado con más valor que una mula o una buena yegua. Faulkner ni añora ni defiende ni critica ese mundo, pero apunta a imputarle la atonía, la parálisis en la capacidad de progresar del Sur y el pie de su derrota como universo.

Sin embargo, la tara de la esclavitud con ser dramática, no ocupa en la obra de Faulkner un aspecto moral más fuerte que el valor, la decencia, la culpa, la dignidad o el castigo. Y especialmente la decadencia de un mundo incapaz de sobrevivir.

Si que existe un protagonista en ¡Absalom, Absalom! que es omnipresente en toda su obra. Y que es descrito con el mismo tono objetivo, con el mismo determinismo pesimista y también con una admiración tan profunda como su propio amor a la tierra, se trata de la mujer. La mujer del Sur, dama con un destino fatal, mujeres fuertes, resistentes, con destinos inferiores a su capacidad humana, asumidos sin queja y con consciencia. En Absalón, se encuentran todas las mujeres de Faulkner, se encuentran las mujeres que han soportado el Sur, su gloria, su ruido, su fin.

Desde la literatura,  Faulkner cautiva por la capacidad de definir el discurso interior, por su poderío sintáctico y al mismo tiempo por su lirismo milimétrico con el que crea metáforas permanentemente. Es cierto que los permanentes y dilatados anacolutos con que Faulkner escribe, se convierten en una estructura difícil de seguir, exige una dedicación real al acto de leer y mucho más si tenemos en cuenta la dificultad de su traducción al español.

Sin embargo, hay que dejar claro algo esencial.  Absalón, es una novela de intriga, la razón de las cosas que pasan, que se cuentan, no están claras, nadie las conoce,  el lector va siendo atrapado por la corriente magmática que subyace a lo que está leyendo y solo desde un visión exterior resultarán desentrañadas. Es más, si desposeyéramos la novela de la belleza literaria, del estilo de Faulkner, podríamos estar ante el guión de un culebrón o de un folletín dieciochesco. Es precisamente la forma lo que le da el valor genial a la novela.

En ¡Absalom, Absalom!  William Faulkner incluyó un mapa del Condado de Yokpanawpha con detalles relacionados con sus personajes y con los hechos que acaecen en sus novelas. Fue traducida inicialmente por   Beatriz Florencia Nelson en 1950 y esa versión es la que hemos leído en primera instancia la mayoría de los faulknerianos que no somos capaces de leerle en inglés. Martinez Lage realiza una extraordinaria traducción en el año 2008 donde aprovecha por cierto para desorejar las traducciones anteriores. Si bien es cierto que resulta algo desconsiderado especialmente si se tiene en cuenta que las dianas de sus diatribas, ya acompañan a Faulkner hace años, es posible que el fallecido Martínez Lage tuviera razón.

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